Luz partida,
como destellos de un pasado,
que muere en penumbra.
Y aún así, brilla más que nunca.
Pájaros sin cielo,
vuelan atrapados,
en jaulas de viento.
Libres, como jamás lo fueron.
Laberinto en llamas,
las puertas se cierran,
y el fuego consume.
Pero el fuego no quema.
Gira la luna,
mirada constante,
sobre un mundo que duerme.
Aunque en verdad, nunca mira.
Cruza el deseo,
en el borde del sueño,
donde late el misterio.
Allí no existe el misterio.
Mariposa de acero,
sus alas de frío,
se rompen en vuelo.
Increíblemente, sigue intacta.
Silencio que canta,
melodía sin eco,
en una noche sin nombre.
Pero la noche está llena de voces.