Del silencio nació su voz,
antes del fuego, antes del sol.
Viracocha sopló en la nada,
y el vacío aprendió a soñar.
Viracocha, padre del viento,
moldeador del firmamento.
De tus manos fluye el ser,
del abismo vuelve a nacer.
Hombres de piedra, ojos sin nombre,
esperan el soplo del hombre.
El lago guarda tu reflejo,
la tierra escucha tu consejo.
Dicen los sabios del altiplano:
“El creador no reina, respira.
El mundo no fue hecho con fuerza,
sino con paciencia infinita.”
Viracocha… río del alma,
luz dormida, paz que llama.
En tu sombra vive el día,
en tu pulso nace la vida.