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¡Boricua Boys!
¡Mera, cabrón!
¡Prra!
¡No pedimos entrada!
No nacimos con padrinos ni una firma asegurada,
ni con puertas que se abrieran cuando nadie las tocaba.
Nos negaron varios shows porque el nombre no sonaba,
pero el barrio nos pedía otra canción cada semana.
Un productor nos llamó pa' cambiarnos el acento,
pa' quitarnos la jerga y suavizarnos el concepto.
Le dijimos que esa oferta no cuadraba con el proyecto,
que la música de nosotros lleva calle por dentro.
¡Acho, no voy a cambiar!
¡Lo que soy no voy a ocultar!
Si les molesta mi acento,
que se acostumbren a escuchar.
¡Dinastía sin permiso, nadie nos abrió el portón!
¡Lo tumbamos con las barras y la fuerza del renglón!
¡Dinastía sin permiso, no nos cambia un productor!
¡Somos hijos del asfalto, no de una corporación!
¡Mera, suena ese tambor!
¡Que se escuche el callejón!
¡Dinastía sin permiso, nadie nos abrió el portón!
¡Y el que venga con censura que se guarde la opinión!
Nos montamos en tarimas con el equipo prestado,
con las pistas preparadas y el micrófono ajustado.
El público fue creciendo, cada tema fue sonado,
y el que antes nos rechazaba ahora llama interesado.
No cerramos las ventanas ni negamos colaboración,
pero nadie nos transforma pa' firmar una canción.
Si hacemos una mezcla, será por nuestra decisión,
sin vender la identidad por buscar aprobación.
¡Prra!
Una firma rechazada,
una ruta improvisada,
y el acento de la isla
que se queda en cada barra.
¡Dinastía sin permiso, nadie nos abrió el portón!
¡Lo tumbamos con las barras y la fuerza del renglón!
¡Dinastía sin permiso, no nos cambia un productor!
¡Somos hijos del asfalto, no de una corporación!
¡Mera, suena ese tambor!
¡Que se escuche el callejón!
¡Dinastía sin permiso, nadie nos abrió el portón!
¡Y el que venga con censura que se guarde la opinión!
¡Boricua Boys!
¡Boricua hasta la muerte, puñeta!
¡Brrra!