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Si me ayuda la memoria
-que es la novia del olvido-
hoy voy a contar la historia
de la barra de Retiro.
La historia de los malevos
más temidos de su tiempo,
cuando entrábamos al ruedo
todo el mundo hacía silencio.
No hubo mina en ese entonces
que no largara un suspiro
al milonguear con un hombre
de la barra de Retiro.
Más de un guapo, haciendo un sesgo,
se cambiaba de vereda
para no correr el riesgo
de morir en la pelea.
¡No sabés! Hasta la luna
se asomaba con su brillo,
para verse reflejada
en la hoja del cuchillo.
Cuando espalda contra espalda
a cualquiera hacíamos frente,
era el código en la barra:
“amigos hasta la muerte”.
Y de a uno se piantaron
como los indios del cuento,
así se fueron, de a uno,
a tutearse con San Pedro.
Y yo me quedé esperando
en este cuarto desierto
volver a ver a mi barra
al menos después de muerto.