Cuando hemos perdido todos los mapas,
lo mejor es dejarse arrastrar por la materia sorda de la noche.
Cubrirnos la cara con asombro al vernos durmiendo mal
en una sala de espera sin nombre.
Mejor girarse hacia el otro lado
cuidar que la chaqueta cubra bien el cuello
para no despertar adolorido.
Cubrirnos la cara con asombro al vernos durmiendo mal
en una sala de espera sin nombre.
Si estamos atentos
quizás sintamos la mano que nos dibuja:
no está en ninguna parte.
Mejor girarse hacia el otro lado
cuidar que la chaqueta cubra bien el cuello
para no despertar adolorido.