Veo tu rostro entre la señal,
un eco grabado en mi cristal.
Cada palabra aún me quema,
en este silencio que me envenena.
Intenté huir, pero no escapé,
tu sombra aún me sigue fiel.
Entre el miedo y lo que quiero,
eres mi herida… y mi remedio.
Me rompo dentro de mi piel,
tratando de entender quién fui, quién es él.
Me arrastras siempre hacia el dolor,
sangra el amor, no hay contención.
Eres la calma en mi furor,
el fuego preso en mi interior.
Si caigo hoy, ¿te quedarás?,
¿o en la lluvia te borrarás?
Tu tacto reescribió mi ser,
la frágil verdad que no quise ver.
Entre la luz y la oscuridad,
mi alma perdió su voluntad.
Grito tu nombre, se rompe el aire,
mi voz se quiebra y nadie sabe.
Pero en tus ojos vi el final,
y cada cicatriz empezó a sanar.
Me arrastras siempre hacia el dolor,
sangra el amor, no hay contención.
Eres la calma en mi furor,
el fuego preso en mi interior.
Si caigo hoy, ¿te quedarás?,
¿o en la lluvia te borrarás?
Caigo más dentro de mi mente,
busco el pasado que ya no siente.
Eres la causa por la que sigo,
mi veneno... mi castigo.
No hay salida, solo el eco y tu voz,
rompe el silencio que queda en los dos.
Mi reflejo se quiebra, ya no hay fe,
solo la sombra de lo que fue.
¡TOMA MI ALMA SI TE HACE BIEN!
¡ROMPE ESTE MIEDO DE UNA VEZ!
¡QUEBRARÉ EL DOLOR, VUELVO A CREER!
¡DE LAS CENIZAS RENACERÉ !
Me arrastras siempre hacia el dolor,
sangra el amor, no hay contención.
Eres la calma en mi furor,
el fuego preso en mi interior.
Y aunque el abismo me haga temblar,
en tu mirada vuelvo a empezar.
En cada herida vive tu voz,
melodía entre sombras y sol.
¡Me arrastras siempre hacia el dolor,
te pierdo y vuelvo en tu resplandor.
Eres la calma y mi perdición,
mi cruz, mi fe, mi rendición.!
Tal vez el amor no vino a curar,
sino a mostrarnos cómo sangrar.
Y en tu silencio aprendí a entender,
que incluso el dolor... me hizo creer.