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A la hora en que el alba viene con su cerrojo
y los bares apagan el farol,
cuando salen las viejas a baldear la vereda
y la sombra se aleja del ladrón.
A la hora en que el día se prodiga en promesas
y la noche levanta su telón,
cuando rompe el silencio la sirena del puerto
y se llena de obreros el vagón.
A la hora en que el niño se despierta
y se queda dormido el cabaret,
cuando acaba la fiesta
y la lucha comienza,
él se queda esperando no sé qué.
A la hora en que el duende se evapora en el aire
y el poeta termina su canción,
cuando el hombre mediocre se acomoda en el traje,
él recuerda ese verso de Tuñón.
A la hora en que el lunes prende todas las radios
propagando su virus de moral,
cuando llega el mendigo al umbral de la iglesia
él se queda asomado al ventanal.
Ve pasar la ciudad como en un sueño,
los obreros, las viejas y el ladrón.
A la hora en que el alba
llega con su cerrojo
y los bares apagan el farol.