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Boricua Boys, negocio de esquina,
una firma torcida debajo de la cocina.
Acho, qué contrato más improvisao,
con salsa en la esquina y el papel arrugao.
Me ofreciste una sociedad mientras comías alitas,
con promesas de millones y ganancias infinitas.
Sacaste una servilleta, comenzaste a redactar,
y con grasa entre los dedos me pediste firmar.
Dijiste que era suficiente, que confiara en tu palabra,
pero cada condición parecía una macabra.
Te pregunté por los números, cambiaste la versión,
y terminaste dibujando una cifra sin explicación.
Acho, no me vengas con cuentos,
ni con falsos juramentos.
Si vas a hablar de un acuerdo,
ponlo claro en el documento.
¡Servilleta con manchas, qué cabrón de contrato!
¡Prometiste un edificio y no tienes ni un zapato!
¡Servilleta con manchas, tu negocio es un teatro!
¡Mucho guille de empresario y la cuenta da pa' cuatro!
¡Pichea esa fantasía!
¡Que tu firma no es garantía!
¡Servilleta con manchas!
¡No me vendas porquería!
Al otro día me llamaste reclamando mi respuesta,
diciendo que la oportunidad ya estaba casi puesta.
Te pedí las condiciones por escrito y detalladas,
y mandaste una fotografía con las cifras recortadas.
Cuando revisé la imagen faltaba la comisión,
y otra parte del acuerdo cambió sin explicación.
Acho, busca otro socio pa' tu cuento de ocasión,
yo no firmo un compromiso sin entender la condición.
Mucho humo en la cocina,
poca cuenta que combina.
Con la grasa de las manos,
no se compran los hermanos.
¡Servilleta con manchas, qué cabrón de contrato!
¡Prometiste un edificio y no tienes ni un zapato!
¡Servilleta con manchas, tu negocio es un teatro!
¡Mucho guille de empresario y la cuenta da pa' cuatro!
¡Pichea esa fantasía!
¡Que tu firma no es garantía!
¡Servilleta con manchas!
¡No me vendas porquería!
Boricua Boys, papel arrugao,
otro negocio de humo que quedó cancelao.
Acho, qué charlatán, se te fue la inversión,
porque nadie te creyó aquella improvisación.