Aunque no lo creas,
el mundo se hizo así:
dos granos de arena,
un sol y un bisturí.
Clavado en el pecho,
de la tierra que nació.
La sangre levantando el aire,
denso el calor.
Caminaban hombres,
sobre un terraplén.
Árido y sediento,
y rabioso por su sed.
Cayó una llovizna,
roja, roja, sobre el mar.
Y, cuando le pidieron,
dijo Dios su refrán:
Todos sangramos,
todos sangramos.
Porque la sangre es cambio,
y movimiento al cambiar.
Fue tan sólo un sueño,
extraño de soñar.
Las manos me sangraban,
pellejo de cristal.
Lloré escribiendo,
esta canción al despertar.
Con una melodía en la cabeza,
que decía:
Todos sangramos,
todos sangramos.
Porque la sangre es cambio,
y movimiento al cambiar.