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Cuando Roma tiembla y el cielo enmudece,
el Huno desciende como plaga de Dios...
Desde las puertas de Roma eterna,
un hombre sale sin espada ni escudo,
la cruz al pecho, la fe por armadura,
camina solo hacia el campamento mudo.
Atila espera con su horda infinita,
el terror que dobló reinos y coronas,
pero hay un fuego que el hierro no marchita,
la voz de Pedro entre las legiones.
¡LEÓN, LEÓN, EL GRANDE ANTE EL HUNO!
¡SIN EJÉRCITO, SOLO CON LA VOZ DE DIOS!
¡ROMA TIEMBLA PERO NO SE RINDE NINGUNO!
¡EL PASTOR DETUVO AL LOBO FEROZ!
Dicen que un espectro armado de luz
bajó del cielo junto al pontífice,
Pedro y Pablo empuñando la cruz,
y el Huno retrocedió, hizo un pacífice.
Mincio corre testigo de historia,
donde la fe fue más fuerte que el hierro,
un imperio caído gana victoria
por la voz de un pastor sin destierro.
¡LEÓN, LEÓN, EL GRANDE ANTE EL HUNO!
¡SIN EJÉRCITO, SOLO CON LA VOZ DE DIOS!
¡ROMA TIEMBLA PERO NO SE RINDE NINGUNO!
¡EL PASTOR DETUVO AL LOBO FEROZ!
¡No hay corona que doblegue la palabra!
¡No hay espada que venza a la oración!
¡Cuando el mundo se derrumba y se desgarra,
un León ruge en nombre del Señor!
¡LEÓN, LEÓN, EL GRANDE ANTE EL HUNO!
¡ROMA VIVE POR SU INTERCESIÓN!
¡LEÓN, LEÓN, NINGÚN PODER ES ALGUNO
FRENTE A LA FE DE UN SOLO CORAZÓN!