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¡Boricua Boys!
¡Acho, qué clase de negocio!
¡Prra, prra!
¡Ese viejo sabe demasiado!
Entré al empeño con un reloj deteriorado,
el tasador miró mi carro y se quedó bien callado.
Me dijo:"Esa matrícula la conozco de memoria,
tu primo vino por aquí y me contó tremenda historia".
Le dije:"Mera, don, yo vine por una tasación,
no pa' que usted me interrogue sobre toda mi generación".
Sacó una libreta vieja, comenzó con su inventario,
tenía medio vecindario apuntado en su calendario.
¡Acho, qué clase de investigador!
¡Con vitrina y mostrador!
Vine a empeñar un reloj,
no a escuchar al narrador.
¡Tasador, tasador, qué cabrón de observador!
¡Te sabes todas las placas y quién cambió de motor!
¡Tasador, tasador, deja el cuento, por favor!
¡Que yo vine por mis chavos, no por otro interrogador!
¡Mera, ponte a trabajar!
¡Que no vine a confesar!
¡Tasador, tasador, qué cabrón de observador!
¡Tienes más cuentos del barrio que cualquier presentador!
Me ofreció por aquel reloj una cifra razonable,
y guardó todos mis datos en un sobre identificable.
Le pregunté por mi primo, si de veras lo conocía,
y me enseñó una fotografía que en su tienda todavía tenía.
Era un recuerdo de cuando aquel muchacho trabajaba,
reparando los relojes que la gente le llevaba.
Me fui con mis chavos, sin comprarle su misterio,
pero el viejo seguía hablando con su tono tan serio.
¡Prra!
Una placa recordada,
una historia desenterrada.
Y el tasador de la esquina
con la memoria bien cargada.
¡Tasador, tasador, qué cabrón de observador!
¡Te sabes todas las placas y quién cambió de motor!
¡Tasador, tasador, deja el cuento, por favor!
¡Que yo vine por mis chavos, no por otro interrogador!
¡Mera, ponte a trabajar!
¡Que no vine a confesar!
¡Tasador, tasador, qué cabrón de observador!
¡Tienes más cuentos del barrio que cualquier presentador!
¡Boricua Boys!
¡Acho, qué viejo más curioso!
¡Brrra!