Nací en un mundo que no pude elegir,
lleno de miseria y sinrazón.
La infancia es algo que me niegan vivir,
trabajando de a sol a sol.
No tardaron en adiestrarme para combatir,
no me dejaron otra opción.
Con doce años, ya empuñé un fusil
y he sufrido la prostitución.
En este infierno me encuentro atrapado,
no veo salida ni solución.
Todos nuestros sueños los exterminaron,
rostros inundados de desolación.
Para el capitalismo soy mano de obra barata,
millones de niños en la misma situación.
Penosas condiciones, interminables jornadas;
hacen imposible que acceda a la educación.
Sueño con un lugar, muy lejos de aquí,
donde encontrar la libertad y volver a sonreír.
Sueño con volar, de aquí a otro lugar.
De este infierno escapar, recuperar la dignidad.
En una tierra donde reina la codicia:
desequilibrio y marginación.
La esperanza dejó hueco a la apatía,
la alegría también huyó.
La dura realidad me golpea noche y día,
único escape: la imaginación.
Muchos se preguntan a qué llaman justicia
bajo las redes de la explotación.