
时间:2026-10-30
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Yo juraba que jamás iba a fallar,
hasta que una nena me enseñó a aceptar.
En Mayagüez jugábamos al ajedrez,
y yo ganaba casi siempre de una vez.
Me gustaba presumir de inteligencia,
y trataba a los demás con impaciencia.
Una joven apareció con su tablero,
y me retó frente a todos con salero.
Acepté pensando en una victoria,
sin saber que cambiaría nuestra historia.
Ella abrió con un movimiento calculado,
y mi caballo terminó comprometido y atrapado.
Yo intenté recuperar la posición,
pero ella respondió con precisión.
¡Enséñame a perder sin perder la compostura!
¡Que la vida no se gana solamente con bravura!
¡Enséñame a perder con dignidad!
¡Que aceptar una derrota también muestra habilidad!
La muchacha sacrificó una torre,
y mi defensa se quedó sin quien la socorre.
Calculé una jugada equivocada,
y mi reina terminó amenazada.
Cuando ella anunció su jaque mate,
comprendí que había perdido aquel combate.
Le ofrecí mi mano con respeto,
y acepté que me superó en aquel reto.
¡Enséñame a perder sin perder la compostura!
¡Que la vida no se gana solamente con bravura!
¡Enséñame a perder con dignidad!
¡Que aceptar una derrota también muestra habilidad!
(Coro) Mayagüez tiene jugadora,
Pregón: que me ganó sin presumir de vencedora.
(Coro) Que se cuide el tablero,
Pregón: que aprendí a respetar al compañero.
(Coro) Que se escuche el jaque mate,
Pregón: que perdí sin provocar ningún debate.
(Coro) Que se aprenda la lección,
Pregón: que el respeto vale más que la posición.
¡Enséñame a perder sin perder la compostura!
¡Que la vida no se gana solamente con bravura!
¡Enséñame a perder con dignidad!
¡Que aceptar una derrota también muestra habilidad!
Desde entonces juego con humildad,
y disfruto cada encuentro de verdad.