Antes que el tiempo respirara,
Cristo ya brillaba en eternidad.
De Su palabra nace el cosmos,
y cada estrella anuncia Su verdad.
Él levantó montes y mares,
puso en órbita la creación;
todo existe porque Él vive,
todo late en Su corazón.
Nada es más alto, nada es más fuerte,
Su nombre domina cielo y tierra.
De Él venimos, por Él vivimos,
Su reino avanza y nada lo detiene.
¡Él es el centro del universo!
Rey supremo, eterno Creador.
Toda rodilla se inclina a Su trono,
toda historia habla de Su honor.
¡Él es el centro del universo!
Su luz conquista la oscuridad.
Cristo gobierna por siempre los tiempos…
y Su gloria nunca cesará.
Cuando la noche cayó sobre el mundo,
Él descendió con gracia y compasión.
En una cruz venció a la muerte,
y encendió un nuevo amanecer en Dios.
La Iglesia marcha tras Su nombre,
portando fuego en su caminar;
Cristo es cabeza, roca eterna,
fundamento que no caerá.
Nada se escapa de Su mirada,
Él es principio, fuerza y final.
Todo lo creado canta Su nombre,
todo lo que vive le adorará.
¡Él es el centro del universo!
Rey supremo, eterno Creador.
Toda rodilla se inclina a Su trono,
toda historia habla de Su honor.
¡Él es el centro del universo!
Su luz conquista la oscuridad.
Cristo gobierna por siempre los tiempos…
y Su gloria nunca cesará.
Alfa y Omega, fuego infinito,
Columna eterna que sostiene la creación.
Reinos y siglos caen ante Él,
pero Su palabra permanece en pie.
Todo poder, toda vida y destino
convergen en Cristo, centro y Señor.
¡El universo entero proclama:
Jesucristo es Rey de la eternidad!
¡Él es el centro del universo!
Todo fue hecho por Su poder.
Cada galaxia canta Su nombre,
cada latido lo reconoce a Él.
¡Él es el centro del universo!
Nuestro Rey vivo y celestial.
Cristo reina por siempre y para siempre…
¡Su gloria jamás tendrá final!