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Vamos haciendo el camino,
escapando del polvo
que levanta nuestro destino.
Vamos mirando las horas,
templando el aliento
con humo de mil cigarrillos.
Somos la llama del fuego,
que, en mil combustiones,
convierte el oxígeno en nada.
Somos críos malnacidos,
que no tienen patria,
bandera, ni miedo en la cara.
Somos la arena del mar
que siempre cambia de sitio
y no pierde su fuerza.
Somos las aves que van a volar.
Recorriendo la vida, sin pausa ni prisa
rompemos la voz al gritar.
Con sulfuro en las venas,
se queman las penas sin más.
Con la lengua cargada de frases cansadas
de tanto luchar por hablar,
blasfemamos y amamos,
viviendo nuestra libertad de soñar.
Vamos moviendo los hilos
de las tentaciones que vienen
y pronto se escapan.
Tomamos sendas distintas
a los que murieron matando
en las vidas pasadas.
Vemos los años pasar,
con la conciencia tranquila
de no ser culpables
y con la velocidad del azar.
Recorriendo la vida, sin pausa ni prisa
rompemos la voz al gritar.
Con sulfuro en las venas,
se queman las penas sin más.
Con la lengua cargada de frases cansadas
de tanto luchar por hablar,
blasfemamos y amamos,
viviendo nuestra libertad de soñar.
Despertar y ver, tocar la electricidad
sentir que ya no te quema.
Cantar hasta gritar y siempre mirar
hacia delante en esta carretera.
Recorriendo la vida, sin pausa ni prisa
rompemos la voz al gritar.
Con sulfuro en las venas,
se queman las penas sin más.
Con la lengua cargada de frases cansadas
de tanto luchar por hablar,
blasfemamos y amamos,
viviendo nuestra libertad de soñar.