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Al terminar mi maestra y amiga, me abrazó emocionada.-I want you to meet someone- me dijo cuando bajamos del escenario.-Ok.-This is my baby sister. She’s a fan of yours.Era una muchacha preciosa. De pelo ensortijado, una increíble piel morena que parecía pintada con delicadeza, no tan oscura como la de su hermana, y unos anteojos coquetos al estilo Lennon que enmarcaban sus ojos achinados y negros. Tenía unas pecas oscuras que salpicaban su nariz, mucho más pequeña y fina que la de su hermana. Me di cuenta que estaba siendo demasiado específico en la descripción, y un poco grosero con mi invitada. Paula se había sonrojado, bajando la vista. Y mi hija, tan parecida a su madre, de hecho su piel era del mismo color, ya resoplaba, aburrida de escuchar la misma historia de siempre.
-Bueno, me casé con ella- concluí. -Es la madre de Julia. Cuando egresé de la Juilliard, tuve mi primer contrato con Harmonia mundi, y grabé mi primer disco, dedicado a Erik Satie. Luego de la primer gira por Europa, nació Julia.
La mesa era tan pequeña que no tuve que estirar demasiado mi mano para acariciar la cara de mi hija.-Y siempre fue así de hermosa- dije. La niña sonrió y me dirigió su mirada. Paula nos miraba sin sentirse ajena. Había una extraña familiaridad entre nosotros.-¿Viajaste mucho?- preguntó.-Mayormente por Europa, por los Estados Unidos, por Sudamérica y una vez estuve en Japón. Cuando era pequeña, Julia venía con nosotros a todos lados. Al empezar la escuela, mi esposa debió quedarse con ella y empecé a hacer las giras solo.-Claro- acotó Paula.-Y me cansé de las giras- dije.-Entiendo.-Extrañaba mucho a mi hija y a mi esposa.-¿Y por eso volviste aquí?-No, no. Volví al pueblo para visitar el mausoleo familiar. Mis padres murieron el año pasado en un accidente en la ruta.-Ya sé- dijo ella. Cómo podía no saberlo. Pese a todo era un pueblo pequeño.-Vine a pasar unos días en la casa porque vamos a venderla.
-Ah, entiendo- dijo ella con la voz entrecortada. Al menos así me lo pareció.Nos quedamos un rato en silencio.Nuestras miradas se cruzaban. Yo, cada tanto miraba a mi hija, que parecía abstraída en su propio mundo. -Pero no me contaste nada de tu vida- le dije a Paula.-Hay muy poco que contar.No parecía muy dispuesta a decir nada.-¿Te casaste?-Sí, pero no duré mucho tiempo casada.Sus respuestas eran breves y desganadas, aquello parecía un interrogatorio casi policial, como si no quisiera decirme nada de su vida y tuviera que hacerlo de todos modos.-¿Tus padres?-Mi padre murió. Mi madre vive conmigo, desde que me separé.-¿En la casa de siempre?-No, -hizo una pausa- la tiraron abajo. Hicieron un pequeño hotel para el turismo.-Qué pena.Ella se encogió de hombros.-¿Y tu hermana?Otra vez estaba con la mirada perdida, tomándose tiempo para contestar.-No hablemos de mí. Es aburrido. No hay mucho para decir. Mi hija parecía interesada en lo que Paula decía. Pero como decía poco, finalmente terminaba bostezando.-¿Querés helado?- le pregunté.-No- dijo.Paula tampoco quería. Aquel interrogatorio la había cambiado. Estaba como distante, a la defensiva. La había llevado a un lugar en el que no quería estar. Decidí no preguntar más, aunque estaba realmente intrigado. Qué había sido de su vida. Era raro que no estuviera en pareja, que viviera con su madre. No quiso decirme dónde. Ella daba una imagen jovial, despreocupada. De hecho era tremendamente seductora, hermosa, como si no le hubieran pasado los años. Me aventuré a pensar que quizás su madre estuviera enferma y ella debiera cuidarla, que hubiera resignado cosas en su vida por eso. No lo parecía, pero no había forma de saberlo, eran sólo conjeturas que podía hacerme porque ya no preguntaría nada más. No me extrañaba que no quisiera hablarme de su hermana, nunca lo había hecho en su adolescencia. Al contrario, era la hermana de Paula quien parecía endiosarla. Pero ella la trataba, a menudo, con desprecio. No quise insistir con nada. Ni siquiera con lo del tatuaje. ¿Quién se tatúa su propio nombre? ¿Y por qué esa fecha? No podía entenderlo. En fin.-¿Y te volvés a Nueva York?- me preguntó.-No, a la capital. Quizás trabaje en el Conservatorio Nacional. No lo sé todavía- hice una pequeña pausa para tomar un trago de vino. -Julia está aprendiendo a hablar castellano- agregué. -Qué bien- dijo Paula, tratando de recomponerse. Ella tomó un largo trago, vaciando su copa que me apresuré en volver a llenar. Se notaba en su mirada que algo se había roto. El “qué bien” estaba dirigido a mi hija.
Miramos a Julia para que nos dijera algo, como cuando alguien mira a un niño para que haga su monería, pero no dijo nada. Al menos nada en castellano.-May I go to bed?-¿Estás cansada, hija?-Sí- dijo.-Estuvimos la tarde en el río- expliqué a Paula, mientras Julia se levantaba de la mesa.-Despedite de Paula- le dije a mi hija después de besarla en ambas mejillas.Dio un beso a mi amiga y se retiró dejándonos a solas.Quizás las charlas banales nos devolvieran cierta familiaridad que habíamos logrado...