Persuadido por su madre
de que nunca sería un buen general,
aturdido por las bombas
que él decía esquivar.
Sin la medicación necesaria
decidió programar
un viaje a ninguna parte,
donde nadie lo pudiera encontrar.
Y a doscientos veinte kilómetros por hora,
tres días sin comer ni dormir,
le paró un coche de la Guardia Civil
y le pidió su documentación y él dijo ...
Yo soy el hijo de Dios,
yo soy el hijo de Dios.
Nominado para un Oscar
en la cumbre de su madurez,
venerado por la crítica
y por los jóvenes también.
A camino entre París y Tokio,
cada gesto suyo lo hacía sucumbir,
su mujer era su musa
y sus cinco hijos brillaban en torno a él.
Impoluto e inmaculado
fue a recibir su galardón,
pero antes de caerse desplomado al suelo
retorció su alma al grito de ...
Yo soy el hijo de Dios,
yo soy el hijo de Dios.