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Aún quedan dos tazas en la cocina,
una vacía y la otra casi igual.
Y yo jugando a que ya no te pienso,
mientras tu risa se queda a estorbar.
Cerraste la puerta sin mucho ruido,
pero el silencio me habló más de ti.
Y aunque prometo que ya no te escribo,
me gana el hábito de verte en mí.
Y no es que quiera abrir lo que ya duele,
pero no encuentro cómo dejar de sentir.
Dime cómo se olvida a alguien
que se quedó en cada parte,
en mis canciones, en mis tardes,
en lo que no te supe decir.
Dime cómo soltar despacio
sin que se rompa lo poquito
que construímos cuando el miedo
no quiso venir por mí.
Salgo a la calle para no pensarte,
pero la esquina te nombra otra vez.
Y aunque prometo ya no compararte,
todo me sabe a lo que fuimos ayer.
Tu sombra sigue durmiendo en mi cama,
como si el cuerpo no te viera ir.
Y yo haciéndome fuerte a la mala,
mientras me quiebro solo por ti.
Y no es que quiera volver a buscarte,
solo quisiera dejar de mentir.
Dime cómo se olvida a alguien
que se quedó en cada parte,
en mis canciones, en mis tardes,
en lo que no te supe decir.
Dime cómo soltar despacio
sin que se rompa lo poquito
que construímos cuando el miedo
no quiso venir por mí.
Y si te pienso no es por costumbre,
es que tu nombre aún sabe a hogar.
Yo sé que el tiempo lo arregla todo,
pero a veces tarda de más.
Dime cómo se olvida a alguien
que me sabía de memoria,
que se quedó en mi propia historia
aunque ya no te quede aquí.
Dime cómo soltar despacio
sin despedirme de lo mío…
porque aunque trato de soltar,
algo no quiere dejarte ir.