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En la carretera a las dos de la mañana,
la gente dice que estoy loco.
Saco un cigarrillo del bolsillo,
llamo a Yokasta con voz borracha,
ella no contesta, se queda callada,
sigo fumando sin parar.
Me duelen las manos de tanto aferrarme,
al teléfono que ya no suena.
Oye, dime algo
no me hagas llamar una vez más.
No hay respuesta en la línea hoy,
que el silencio duele tanto, Dios.
Recuerdo cuando nos besábamos aquí,
ahora soy un borracho solitario,
mi corazón late tan fuerte,
esperando un tono que no llega.
Me duelen las manos de tanto aferrarme,
al teléfono que ya no suena.
Oye, dime algo
no me hagas llamar una vez más.
No hay respuesta en la línea hoy,
que el silencio duele tanto, Dios.
Pero hoy decidí perdonarla,
porque el dolor es un camino.
Ya no quiero ser este hombre,
llamándola cada noche.
Oye, dime algo
no me hagas llamar una vez más.
No hay respuesta en la línea hoy,
que el silencio duele tanto, Dios.
Eso duele menos, al final.