
时间:2025-12-20
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Llegué sin rumbo a la sierra,
con paso ajeno al compás,
mas la jarana sincera
me habló del alma que encierra
la tierra que vibra más.
No comprendía el latido,
ni el juego del zapatear,
pero un violín encendido
rozó mi pecho dormido
y me obligó a despertar.
Entonces supe el secreto
del canto que al viento va,
que el huapango es un amuleto
que cura al corazón quieto
y al triste lo hará danzar.
La luna abrió su guarida
sobre el mezquite y el son,
y en cada cuerda prendida
descubrí que en esta vida
late un mismo corazón.
Me habló un huapanguero sabio,
“pa’ sentir esta emoción,
solo deja que este labio
cante libre su presagio
y que baile el corazón”.
Probé el sabor del momento,
tibio como un mezcal fiel,
y comprendí que en el viento
viaja un antiguo lamento
que hoy se aloja en mi piel.
Entonces, sin dar aviso,
mi voz buscó continuar;
el canto halló su piso
y en un repentino hechizo
pude empezar a entonar.
El pueblo rió sorprendido
pues no es común mi cantar,
pero al verme confluido
con su júbilo encendido
me invitaron a zapatear.
Saltó mi bota torpeando,
y aún así pude avanzar;
“se aprende siempre bailando,
nadie inicia dominando,
lo importante es intentar”.
Por eso guardo en mi pecho
la noche en que pude ver
que el huapango, en su derecho,
tiene un fulgor tan estrecho
que enciende todo mi ser.
Saltó mi bota torpeando,
y aún así pude avanzar;
“se aprende siempre bailando,
nadie inicia dominando,
lo importante es intentar”.