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Tu mirada fue lo primero
que el tiempo me quitó.
No hubo ruido, ni despedida…
solo un temblor en mi voz.
Guardé tu nombre en mi pecho
como se guarda un secreto fiel.
Y aunque el mundo siguió andando,
yo me quedé esperándote en él.
Tu mirada fue lo primero
y lo último que esperaba ver.
Pero la vida tiene sus vueltas
cuando el amor se niega a perder.
Hubo días de sombra larga,
y silencios que dolían sin fin.
Pero aprendí a sostener la esperanza
como quien cuida un jardín.
Tu mirada fue lo primero
y lo último que creí posible.
Pero al verte de nuevo entendí
que hay milagros invisibles.
No vine a pedir respuestas.
Solo a decirte: aquí estoy.
Y si aún queda algo de ayer…
hagámoslo nuevo, tú y yo.
Tu mirada fue lo primero
que me habló sin pronunciar.
Y hoy me basta con saber
que aún me sabes mirar.