Nos encontramos donde todo terminó,
en el mismo lugar donde empezó la explosión.
Tú llegaste con orgullo, yo con ganas de hablar,
pero dos heridas abiertas no saben negociar.
La mesa entre nosotros parecía una pared,
tus ojos me retaban a volver a caer.
Dijiste: “No sé cómo llegamos hasta aquí”,
yo respondí: “Por callar todo lo que sentíamos así”.
Habíamos quemado fotos, promesas y control,
pero todavía quedaba electricidad entre los dos.
Éramos la causa y también la destrucción,
dos sobrevivientes dentro de la misma habitación.
Volvimos a zona cero,
donde ya no queda nada excepto el fuego.
Podemos reconstruir o dejarnos caer,
pero no podemos seguir fingiendo que no duele.
Zona cero,
sin orgullo, sin máscaras, sin secretos.
Si vamos a intentarlo, que sea desde aquí,
sobre las ruinas de lo que fuimos tú y yo.
Tú reconociste errores, yo también hablé,
por primera vez ninguno quiso defender
todas esas acciones que nos hicieron mal,
ni convertir al otro en el único culpable del final.
Tal vez el amor no basta para funcionar,
también hacen falta ganas de aprender a cuidar.
Podemos levantar algo mejor que lo anterior,
pero solo si dejamos de competir por quién sufrió peor.
Desde las ruinas se ve
todo lo que no supimos mirar.
Tal vez perderlo todo
era la forma de volver a empezar.
Estamos en zona cero,
pero todavía siento vida bajo el suelo.
No te prometo que será fácil reconstruir,
solo prometo no volver a destruir.