Mirando al firmamento, buscando tu alma
a aquel amigo que se marchó en calma.
Se fue sin aviso, cual sombra al olvido,
se lo arrebató el destino, cruel y perdido.
Qué efímeras fueron las horas doradas,
cuando tu presencia iluminaba mis jornadas.
Ahora el tiempo se estira, eterno y vacío,
y tu corazón yace en un eterno frío.
No me digas, por favor, que es el final del camino,
que nunca más veré tu rostro divino.
Pues para mi alma, la vida no tiene sentido,
si a mi lado no estás, todo está perdido.
¡Óyeme...!
Aún guardo en el pecho aquellos momentos,
donde fuimos felices, eternos los vientos.
Cuando me jurabas, con voz sincera,
que juntos estaríamos hasta la última primavera.
¡Maldita sea la suerte, qué cruel es el hado!
¡Qué injusta es la vida con el corazón desgarrado!
Ahora sola deambulo, sin brújula ni caricias,
perdida en el mundo, pagando mis desdichas.
No me digas, por favor, que es el final del camino,
que nunca más veré tu rostro divino.
Pues para mi alma, la vida no tiene sentido,
si a mi lado no estás, todo está perdido.
El eco de tu risa se pierde en la nada,
y mi voz se quiebra, por ti enloquecida y cansada.
Busco tu mirada en la luna plateada,
pero solo encuentro la noche callada.
¡Óyeme...!
¿Por qué el destino juega con mi suerte?
¿Por qué tu ausencia se siente como muerte?
Grito tu nombre al abismo profundo,
pero el silencio es lo único en este mundo.
¡Uh, uh, uh, óyeme!
¡Uh, uh, uh, óyeme!
Pues para mi alma, la vida no tiene sentido,
si a mi lado no estás, todo está perdido.
¡Óyeme!
No me digas, por favor, que es el final del camino,
que nunca más veré tu rostro divino.
Pues para mi alma, la vida no tiene sentido,
si a mi lado no estás, todo está perdido.
Todo está perdido... sin tu luz divina...
¡Óyeme!
¡Uh, uh, uh, Óyeme!
¡Uh, uh, uh, Óyeme!..
¡Uh, uh, uh, Óyeme!
¡Uh, uh, uh, Óyeme!..