De mañana, Señor, mi voz oirás,
mi alma ante ti se presentará.
Tú no te complaces en la maldad,
el impío no se acercará.
No soportas a los que hacen mal,
destruyes al falso y al criminal.
Los mentirosos no pueden quedar,
Tu justicia los va a derribar.
Pero yo, por tu gran compasión,
entraré con temblor a tu habitación.
Hacia tu templo alzaré mi voz,
te adoraré, oh eterno Dios.
Guíame en justicia y verdad,
líbrame de la oscuridad.
Ellos mienten con lengua sutil,
su garganta es sepulcro vil.
Hazlos caer, Dios de poder,
pues contra Ti se han rebelado ayer.
Mas los que te aman cantarán,
bajo tus alas se alegrarán.
Bendecirás al justo, Señor,
le rodearás con tu favor.
Tú eres su escudo, su defensor,
canta mi alma a ti, mi Salvador.