Del amanecer nace tu llama,
padre dorado, fuego del alma.
Sobre los Andes tu voz despierta,
la vida danza, la tierra se oferta.
Inti, guardián del día,
luz que siembra la armonía.
Desde tu oro florece el maíz,
tu calor sostiene el país.
Los hijos del sol alzan las manos,
piden cosecha, cantan temprano.
El viento lleva tu bendición,
en cada surco vibra tu canción.
“Quien mira al sol sin sombra,
mira su propia verdad.
La luz no hiere al puro,
solo quema la vanidad.”
Inti eterno, sol sagrado,
guía el paso del hombre cansado.
En tu fuego se funde el ser,
en tu luz vuelve a nacer.