El Fiel Peso y Medida
La Capilla del Valle de la Asunción
语种: 英语
发布时间: 2006-12-16
专辑《El Fiel Peso y Medida》 简介
Música histórica e identidad cultural La riqueza y variedad cultural de Guatemala es resultado de su historia particular, de sus múltiples historias. Incluso aquellas que han sido ignoradas. El carácter sagrado dado a la vida cotidiana y al entorno natural por las milenarias culturas nativas de esta región, la cosmovisión de origen medieval impuesta por los conquistadores españoles a principios del siglo XVI y múltiples circunstancias más, han hecho de la población guatemalteca contemporánea una sociedad pluricultural. Históricamente, esta diversidad ha sido motivo de discriminación y confrontación. Potencialmente, la misma diversidad que nos ha dividido constituye una fuerza conciliadora. Dentro de la variedad de manifestaciones culturales históricas, las que fueron impulsadas por la iglesia católica fueron particularmente incisivas en la conformación del perfil cultural de Guatemala. Desde el siglo XVI hasta mediados del XIX, cada elemento de la sociedad guatemalteca ―desde la familia y la educación hasta la economía y las políticas gubernativas― estuvo marcado por disposiciones y preceptos religiosos. Las manifestaciones artísticas no fueron la excepción. El artista no era considerado como creador independiente, sino como un elemento social cuya función consistía en transmitir y continuar parte de una serie de creencias, modos de vida, actitudes y actividades de su sociedad. La música fue una de las manifestaciones culturales más representativas. Constituía un elemento consustancial e imprescindible de las prácticas religiosas cotidianas: los oficios —misa y horas canónicas— se cantaban diariamente. Esa era su naturaleza. De este modo, la música formó parte de la vida cotidiana de los guatemaltecos durante más de tres siglos. La herencia cultural de este período ha sido asociada tradicionalmente con objetos tangibles: la esplendorosa arquitectura colonial, la imaginería, la pintura. La música, sin embargo, ha caído en el olvido por su naturaleza efímera, por la ausencia de un objeto material que la soporte, a pesar de que constituye un pulido espejo de la dinámica social y cultural de nuestro país. Con la convicción de que el estudio, recuperación y difusión de la música histórica creada o re-creada en Guatemala y Latinoamérica constituye un valioso recurso —uno entre muchos otros— para propiciar el reconocimiento de elementos de cohesión local y fortalecer el sentido de identidad cultural, La Capilla del Valle de la Asunción ofrece en este disco, el primero, una selección de obras del patrimonio histórico-musical latinoamericano. El reflejo de la diversidad étnica y cultural en la músicaLa representación de la diversidad cultural en la música histórica latinoamericana tiene en el compositor Gaspar Fernández a uno de sus máximos exponentes conocidos en la actualidad. Gaspar Fernández —«Fernandes», según su lengua natal— probablemente nació en el tercer cuarto del siglo XVI, en Évora, Portugal. Se desconoce cuándo se trasladó al Nuevo Mundo, pero en 1599 fue contratado como organista en la catedral de Guatemala y, cuatro años después, como maestro de capilla. En 1606 partió hacia la Nueva España, al ser invitado para ocupar el magisterio de capilla de la catedral de Puebla. Conservó ese cargo hasta su muerte, en 1629. Afortunada y excepcionalmente, se han conservado casi 300 obras suyas no litúrgicas, es decir, que no estaban destinadas estrictamente para los oficios religiosos. Muchas de estas obras reflejan la pluralidad étnico-cultural en una misma sociedad. Así, la chanzoneta Andrés, ¿do queda el ganado? recrea uno de los relatos navideños más populares —la aparición de un ángel que anuncia el nacimiento del Mesías a un grupo de pastores—, pero ambientado en el entorno local. La historia es presentada como un diálogo entre un esclavo africano y su patrón, de forma que transmite, junto al mensaje del Evangelio, rasgos costumbristas locales en forma jocosa y, de paso, las relaciones sociales establecidas. Otro grupo de obras de Gaspar Fernandes muestra elementos propios de las culturas nativas de Mesoamérica. Tal es el caso de la minúscula canción de cuna Xicochi conetzintlé, que utiliza como base melódica y textual un ancestral arrullo tlaxcalteca, alrededor del cual se teje la polifonía. Por su parte, el villancico Zagalejo de perlas, compuesto por Fernandes sobre un texto de Lope de Vega, muestra la expresión del arte hispano “cultivado”. De este modo, la obra de un solo compositor activo en Guatemala y Puebla durante los primeros años del siglo XVII refleja el encuentro y fusión de tres mundos —el africano, el americano y el europeo—en una misma sociedad. Resignificación indígena de la música occidental Evidencia arqueológica de instrumentos musicales, fuentes etnográficas mayas y mayenses, crónicas antiguas y la propia tradición oral aún viva dan cuenta de una particular riqueza musical nativa en Guatemala y toda Mesoamérica previo a la conquista española. Sin embargo, se desconoce prácticamente todo lo relacionado con las expresiones musicales prehispánicas, más allá de las características acústicas e iconográficas de algunos instrumentos, que están lejos de evidenciar lenguajes y prácticas musicales, funcionalidades, etcétera. Aún así, se puede percibir su influencia, de una u otra manera, en algunas obras basadas en el lenguaje musical europeo pero compuestas presumiblemente por músicos indígenas. Uno de ellos es Tomás Pascual, maestro de capilla de San Juan Ixcoy, Huehuetenango, desde finales del siglo XVI hasta al menos 1635. Su nombre aparece en una colección de manuscritos musicales copiados por él mismo y otros músicos de la región, como el maestro de capilla de Santa Eulalia Francisco de León. Los códices de Huehuetenango contienen obras en latín de compositores europeos, junto a algunas obras en español, en q’anjob’al y en náhuatl. No existe evidencia directa que señale a Tomás Pascual como compositor, pero la unidad estructural y estilística de varias obras asociadas a su nombre sugieren que él pudo haberlas compuesto. Tal es el caso de los villancicos El fiel peso y medida, para la fiesta de San Miguel Arcángel —patrono de San Miguel Acatán—, y Esta Comida divina, para la popular fiesta del Corpus Christi. La rudimentaria polifonía de estas obras recibe un impulso rítmico característico que es ajeno al de los típicos villancicos renacentistas peninsulares. Otro caso relevante lo constituye el villancico náhuatl Dios itlazonantziné, escrito en un códice mexicano fechado en 1599. Por una deficiente lectura paleográfica, durante décadas se atribuyó erróneamente al compositor Hernando Franco; actualmente se considera anónimo. Entonces, ¿cómo se puede suponer que el autor es indígena, si es desconocido? Nuevamente, la construcción y estilo de la obra marcan una clara diferencia con relación a sus equivalentes europeos. Sin embargo, un elemento adicional es aún más sugestivo. El texto consiste en una paráfrasis de la popular oración católica Ave Maria, pero en náhuatl. El uso de esta lengua nativa, establecida como oficial en toda la Nueva España desde la primera mitad del siglo XVI, no es tan significativa como la forma en la que el autor anónimo refleja su idiosincrasia a través de ella: expresa respeto y reverencia a través del uso de diminutivos, característica típicamente mesoamericana. Música para festividades públicas como expresión del orden social establecido El calendario litúrgico marcaba las principales celebraciones públicas que reunían en las calles a prácticamente todos los individuos de cada pueblo y ciudad, independientemente de su estrato social. (Este fenómeno aún juega un papel relevante en el perfil cultural de los guatemaltecos, particularmente durante Semana Santa, la Navidad y las celebraciones en honor de la Virgen María) Las celebraciones públicas permitían, a la vez, demostrar y reforzar el orden social establecido. Un claro ejemplo se evidencia en el villancico Al mirar elevado, para la fiesta de Santiago Apóstol, patrón de la antigua ciudad de Guatemala. La obra fue compuesta originalmente para el Corpus Christi por el fraile portugués Felipe de la Madre de Dios (Filipe da Madre de Deus), mercedario descalzo, maestro de capilla en el Convento de La Merced de Sevilla. Por razones aún desconocidas, cerca de cuarenta obras de este compositor se conservan exclusivamente en la catedral de Guatemala. A varias de ellas, incluyendo el villancico Al mirar elevado, compuesto en la segunda mitad del siglo XVII, les fue trovado el texto a mediados del siglo XVIII, para adecuarlas a las necesidades de la catedral. No se necesita mucha perspicacia para notar que el texto readecuado no sólo celebra al patrón de Guatemala, sino también expresa la fidelidad de las autoridades eclesiásticas guatemaltecas de aquel entonces hacia el Patronato Real, institución de la corona de España con potestad de decidir todo lo relacionado con la iglesia en sus dominios. Otro notable compositor representado en el repertorio de la catedral de Guatemala pero que nunca llegó a la Provincia es Don Tomás de Torrejón y Velasco, maestro de capilla de la catedral de Lima, en el virreinato del Perú, entre 1676 y 1728. Sus obras representan la cima del estilo barroco hispano previo a la adopción del estilo italianizante en el siglo XVIII. Su bailete ¡Atención! —sin duda compuesto en la segunda mitad del siglo XVII pero ejecutado en Guatemala para la Navidad de 1772— narra cómo se reúnen cuatro sacristanes de sendas iglesias recónditas, para organizar una fiesta a propósito del nacimiento del “Bello Párvulo”. Cada uno se presentará y hará alarde de sus habilidades retóricas y de su dominio del latín, previo a unir vivazmente sus voces para hacer un llamado público a la fiesta. De Torrejón y Velasco es también el villancico para la Virgen María Al reloj se os compara, Morena. Polifonía sacra del Nuevo Mundo La mayor parte de la música de los siglos XVI y XVII que se conserva en Latinoamérica es litúrgica. Ello se debe principalmente a la organización institucional de la iglesia católica, consolidada a lo largo de varios siglos, que le permitió generar y conservar mejor el arte y el conocimiento, en comparación al generado en otros ámbitos. A la vez, la propia iglesia se ocupó de abolir, con una notable eficiencia, todo aquello que consideró contrario a sus intereses. De este modo, la música histórica que ha llegado hasta nuestros días se concentra principalmente en archivos eclesiásticos. El acervo musical de la catedral de Guatemala es el más antiguo de Latinoamérica y, además, uno de los más nutridos. En él están representados algunos de los primeros compositores peninsulares que han dejado un valioso legado de polifonía sacra compuesta en el Nuevo Mundo. Entre ellos, Hernando Franco es considerado uno de los compositores con la más refinada técnica polifónica y fuerza expresiva del siglo XVI. Nació en 1532 en Galizuela, España. Fue maestro de capilla del Hospital Real de Lisboa, en Portugal, antes de viajar al Nuevo Mundo, en 1563. Fue maestro de capilla en la catedral de Santo Domingo durante dos años y cura de la catedral de Santiago de Cuba durante uno más. Se trasladó a la Provincia de Guatemala en 1566, junto al obispo Bernaldino de Villalpando, quien lo nombró cura de la villa de la Trinidad y de la villa de San Miguel, vicario de Ocelotlán, Nahuizalco y Quetzalcuatitán, y maestro de capilla de la catedral de Santiago de Guatemala. En 1575 fue nombrado maestro de capilla de la catedral de México, cargo que desempeñó hasta su muerte, en 1585. Su motete Arbor decora, para el tiempo de Pasión, corresponde a la cuarta estrofa del himno Vexilla Regis y se basa en una melodía propia de la tradición hispana. Durante al menos el primer lustro del siglo XVII, la catedral de Guatemala seguía una tradición litúrgica local, que parece mezclar las melodías de las liturgias hispanas pretridentinas con los textos y asignaciones litúrgicas prescritas por el breviario romano derivado del Concilio de Trento. Así lo evidencia el ciclo de himnos de vísperas compuestos por Pedro Bermúdez, maestro de capilla de la catedral de Guatemala entre 1600 y 1603. El himno para la Ascensión Jesu nostra redemptio constituye un digno ejemplo de la técnica compositiva de Bermúdez y de la música que daba esplendor a los oficios religiosos de la catedral de Guatemala. Textos: Omar Morales Abril La Capilla del Valle de la AsunciónLa Capilla del Valle de la Asunción es un ensamble dedicado a la música antigua iberoamericana de los siglos xvi a xviii, con énfasis en la que se conserva en Guatemala. Fue fundada el 23 de julio del año 2004 por un grupo de jóvenes que comparten el gusto e interés por el canto en ensamble, con la misión de colaborar en la construcción y afianzamiento de una identidad cultural guatemalteca, a través de la recuperación y difusión del patrimonio musical que, históricamente, pertenece a su país. La Capilla se ha presentado en diversos contextos, entre los que se incluyen los festivales GuateCoral y Musicoral desde 2004, el Festival de Junio del Teatro Nacional desde el 2007, el Festival del Centro Histórico de Guatemala desde el 2008, el Festival Internacional de Música Antigua en Antigua Guatemala, las ceremonias de inauguración de la 48ª Reunión de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo y de la 119 Asamblea del Comité Olímpico Internacional, así como sus presentaciones para los asistentes nacionales e internacionales de la mencionada convención del BID, el VIII Congreso Centroamericano de Historia y una serie de conciertos en diversas locaciones guatemaltecas. Representó a Guatemala en el XIX Festival Coral Internacional de Miranda, Venezuela, en noviembre de 2005. En mayo de 2010 participó en el VIII Festival Internacional de Música Antigua de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en representación de Guatemala, con 3 programas distintos. En diciembre de 2006 publicó su primera producción discográfica, «El fiel peso y medida, música histórica e identidad cultural». Asimismo, ha sido partícipe en la generación de material sonoro para la obra audiovisual electroacústica Suite Asturias, del compositor contemporáneo Igor De Gandarias y el cineasta Guillermo Escalón.En 2012 participó en el IX Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos”, en Bolivia y nuevamente representó a Guatemala en el X Festival Internacional de Música Antigua de la Pontificia Universidad Católica del Perú en ese mismo año.¿Por qué Capilla? En siglos pasados, se denominaba capilla a una agrupación musical que interpretaba polifonía —combinación simultánea de varias líneas melódicas entrelazadas—, a diferencia del coro, que interpretaba únicamente canto llano, al unísono. En la actualidad, tanto el término «capilla» como «coro» hacen referencia a agrupaciones musicales y también a espacios arquitectónicos religiosos, sin que necesariamente estén relacionados unos con otros. Música antigua. Visión contemporánea Las ejecuciones musicales de La Capilla del Valle de la Asunción se fundamentan en sólidas transcripciones paleográficas y un cuidadoso estudio histórico-social y estilístico del repertorio, con la finalidad de ofrecer interpretaciones verosímiles, sin sacrificar por ello la vitalidad y expresión de la sensibilidad musical contemporánea. De este modo, implementan constantemente recursos creativos y novedosos, para desarrollar programas dinámicos y frescos, ajenos al exceso de convencionalismo y gravedad que caracteriza a las presentaciones de “música seria”, sin por ello dejar de transmitir el valor académico y cultivado de su repertorio musical. La propuesta artística de La Capilla busca establecer una comunicación sencilla, franca y fluida, que reduzca la distancia entre los intérpretes y los oyentes. Omar Morales Abril Musicólogo y director coral guatemalteco, egresado del Instituto de Liturgia, Música y Arte “Cardenal Miranda”, en México. Ha obtenido becas de la Universidad del Valle de Guatemala, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, México, y de la Fundación Carolina, España. Posee experiencia como cantor, guitarrista y director de varias agrupaciones musicales de Guatemala y México. Ha realizado y publicado diversos trabajos musicológicos —organización y catalogación de fuentes musicales históricas, transcripción musical paleográfica, investigación historiográfica, desarrollo conceptual de herramientas metodológicas, dictamen de artículos musicológicos y capacitación en catalogación— para instituciones nacionales y extranjeras. Ha sido invitado a impartir charlas, talleres y ponencias en Guatemala, México y Venezuela. Actualmente es catedrático de la Universidad del Valle de Guatemala. Créditos © y (P) 2006 La Capilla del Valle de la Asunción (¡Nuestros créditos están del otro lado!) Grabado el 7, 8, 14, 15 y 19 de noviembre de 2006 en la Galería “Enrique Acuña” de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Ciudad de Guatemala. Ruido urbano cortésmente proporcionado por la 6ª avenida Ingeniería de grabación, mezcla y masterización: Ranferí Aguilar Producción ejecutiva: Omar Morales Abril y Andrea Pellecer-Howard Producción artística y dirección musical: Omar Morales Abril Preparación vocal: Otto de la Roca Boesche Transcripción paleográfica: Omar Morales Abril (#2,3,4,6,7,12), Juan Manuel Lara (#5,8,9,11) y Aurelio Tello (#1,10) Traducciones (del náhuatl o del latín al español): Juan Manuel Lara (#5,8,9) y Omar Morales Abril (#4,11) Concepto gráfico, diseño, fotografía y diagramación: Andrea Pellecer-Howard Impresión: Ediciones Don Quijote Patrocinado por Spectrum, S.A. Con el apoyo de la Escuela Nacional de Artes Plásticas Agradecimientos Las siguientes personas han contribuido con la realización del presente disco, ya sea con su generosidad, tiempo, energía, visión, apoyo, confianza, entusiasmo, sabiduría o inspiración. Sea para ellas nuestro aprecio y gratitud infinita: Sergio López, Rubín Solórzano, Esperanza de Juárez, Waldemar Camey, Humberto González, Isabel Howard, Pascu Robredo, Claudia De Dougherty, Ramiro Alfaro, Ana Isabel Arévalo, Rosita y Derek Steele, Angélica López, Rolandón García (gracias por la flauta), Eduardo Sáez (gracias por el yembé), Mayrita Maldonado, Marc Soler, Isaac de los Reyes, nuestras familias (siempre incondicionales) y amigos, nuestros maestros y maestras —incluso quienes no saben que lo han sido—, toda la gente que ha recibido con entusiasmo nuestro trabajo (y también la que no), quienes han descubierto o están por descubrir parte de sí mismos en esta música, quienes ven en ella una pequeña parte de la diversidad cultural que nos hace tan ricos —a pesar de ser pobres—, quienes con su vida sencilla y genuina nos hacen sentir dignamente guatemaltecos. Son ustedes, queridos amigos y hermanos culturales, la razón de ser de nuestros empeños.
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La Capilla del Valle de la Asunción
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